El Emperador


El Emperador no es un empleado público que viene a servir a los ciudadanos. El Emperador no viene a encargarse de la recogida de basuras, de las tuberías del suministro de agua o de los aparcamientos en la calle. No, eso es para simples mortales: El Emperador da la espalda a la ciudad, que aparece borrosa y en un segundo plano rendida a sus pies y a su natural magnificencia. El Emperador, llamado por los dioses a cumplir el destino de los Grandes, es un líder que mira hacia su propio horizonte y tiene sus propias metas. Qué suerte para nosotros, la desamparada plebe, tener el privilegio y la fortuna de que semejante prócer viva en nuestros días. El círculo incompleto de nombres como Alejandro Magno, Pericles, Augusto, Carlomagno o Napoleón se cierra por fin con un dios cuyo simple nombre revela que ha venido a iluminarnos desde el mismísimo Olimpo. Augusto Hidalgo I el Inmortal.

Cuando vi este cartel por la mañana de camino al trabajo mi primera reacción fue echarme una carcajada y pensar "joder, es que ya ni se molestan en disimular; hay que tener una mentalidad de borrego puro para votar a...". Me interrumpí recordando que estamos en la España del siglo XXI, y dije: "seguro que gana".