Por qué ser hombre es lo mejor

Hace nada estuve viendo un viejo vídeo de Kira en el que se iba a visitar una casa para comprar y se dedicaba a grabar cómo son este tipo de viviendas japonesas. Lo puse solo para tener algo de fondo durante el desayuno, pero el siguiente detalle motivó que me decidiera a escribir este post:


Link para ver el vídeo

No es cuestión del patriarcado, de los privilegios ni de la sociedad blablablá. Todos tenemos nuestros problemas, las mujeres unos y los hombres otros, pero ser hombre te da una ventaja en concreto que es tan increíble y marca tanto la diferencia que si tuviera que renacer un millón de veces siempre la preferiría a cualquier otra consideración. En seguida lo van a entender:


Eres un hombre. Anoche dormiste fatal y te levantaste hecho polvo, y el cansancio te hizo meter la pata en el trabajo en algo muy importante: tu jefe te echó un broncazo delante de todos y tu error va a afectar a todo tu equipo, que además ahora está súper irritado contigo. Al volver a casa te cayó una multa de tráfico y este mes te viene fatal y no sabes cómo la vas a pagar. Nada más llegar te encontraste en el buzón una carta de la comunidad de vecinos con una reunión inaplazable que te coincidía con algo que querías hacer (y que ahora vas a tener que cancelar), para tratar un problemón que afecta a todos los residentes. Además has visto 20 llamadas perdidas de tu madre que no pudiste atender durante el día y sabes que te va a taladrar el cerebro hasta acabar de amargarte el día... Pero ahora mismo no tienes energías para sus rollos. Subes las escaleras hasta tu casa como si llevaras a la espalda un fardo de 100 kilos escuchando desde lejos los ladridos del perro del vecino sabiendo que no va a parar por varias horas, abres la puerta, saludas de lejos a tu mujer que está en el baño al final del pasillo, tú entras en el cuarto de estar, sueltas todo y te sientas un momento intentando tomarte al menos un momento para recuperar fuerzas. Pero en ese momento vuelve a sonar el teléfono: tu madre otra vez.

Pero antes de contestar tu mujer, que ha pasado por delante de la puerta del cuarto de estar y te ha visto por el rabillo del ojo, viene hasta donde estás. "Cariño, veo que estás teniendo un mal día. Mira, tócame el culo un momentito que sé que te gusta, anda".

Tú sonríes casi sin fuerzas, y entonces le pones la mano en el culo y aprietas un poco. Claro que te gusta, tu mujer tiene un súper culo y ella lo sabe. Estás un minuto amasando y entonces ella te da un beso y sigue con sus cosas. Tú suspiras y piensas: "joder, vaya día de mierda. Pero bueno, al menos CULO". Si antes estabas jodido al 100%, ahora mismo estás jodido al 99%. Estiras la mano hacia el teléfono y abres la agenda, a ver qué quiere tu madre.


Eres una mujer. Anoche dormiste fatal y te levantaste hecha polvo, y el cansancio te hizo meter la pata en el trabajo en algo muy importante: tu jefe te echó un broncazo delante de todos y tu error va a afectar a todo tu equipo, que además ahora está súper irritado contigo. Al volver a casa te cayó una multa de tráfico y este mes te viene fatal y no sabes cómo la vas a pagar. Nada más llegar te encontraste en el buzón una carta de la comunidad de vecinos con una reunión inaplazable que te coincidía con algo que querías hacer (y que ahora vas a tener que cancelar), para tratar un problemón que afecta a todos los residentes. Además has visto 20 llamadas perdidas de tu madre que no pudiste atender durante el día y sabes que te va a taladrar el cerebro hasta acabar de amargarte el día... Pero ahora mismo no tienes energías para sus rollos. Subes las escaleras hasta tu casa como si llevaras a la espalda un fardo de 100 kilos escuchando desde lejos los ladridos del perro del vecino sabiendo que no va a parar por varias horas, abres la puerta, saludas de lejos a tu marido que está en el baño al final del pasillo, tú entras en el cuarto de estar, sueltas todo y te sientas un momento intentando tomarte al menos un momento para recuperar fuerzas. Pero en ese momento vuelve a sonar el teléfono: tu madre otra vez.

Pero antes de contestar tu marido, que ha pasado por delante de la puerta del cuarto de estar y te ha visto por el rabillo del ojo, viene hasta donde estás. "Cariño, veo que estás teniendo un mal día. Mira, tócame el culo un momentito que sé que te gusta, anda".

Tú respondes: "quita, déjame que no estoy de humor". Lo apartas, alargas la mano hacia el teléfono y contestas la llamada.